San Alonso de Orozco (Oropesa, 17 de octubre de 1500 – Madrid, 19 de septiembre de 1591), fue un religioso y escritor español del Siglo de Oro. Pertenece a esos místicos desconocidos, que a pesar de no saberse de ellos, existen, y sus experiencias y escritos son un tesoro.
De origen noble, estudió en Talavera de la Reina y en la Universidad de Salamanca. En 1520 Santo Tomás de Villanueva le incitó a ingresar en la Orden de San Agustín, y allí profesó en 1523. Se ordenó sacerdote en 1527. De niño sirvió como seise en la Catedral de Toledo. Allí estudió el arte de la música, que después amó con pasión.
Entre 1530 y 1537 fue conventual en Medina del Campo. En 1538, prior de Soria y en 1540 de Medina. Al año siguiente, 1541, le nombraron definidor de la provincia de España. Entre 1542 y 1544 fue prior de Sevilla y entre 1544 y 1548, de Granada, y desde 1545, visitador de Andalucía. En 1542 contó que tuvo un sueño en Sevilla en el cual la Virgen le ordenó que escribiera; ese fue el origen de su obra literaria.
En 1549 se embarcó como misionero hacia México, pero enfermó y tuvo que volver. En 1554, siendo prior del convento de Valladolid, Carlos V le nombró predicador real y pasó a Madrid cuando se trasladó allí la Corte en 1561, al convento de San Felipe el Real. Fundó numerosos conventos, entre ellos el primer convento de Monjas Recoletas de Santa Isabel en 1589.1 Al morir en 1591 gozaba de fama de gran santidad, y testificaron en su proceso de beatificación Lope de Vega y Francisco de Quevedo, así como importantes nobles.
Su tratado en latín Consideraciones acerca de los nombre de Cristo influyó en los diálogos de fray Luis de León sobre la misma materia, De los nombres de Cristo. En sus Confesiones relata una de sus experiencias. Escribió:
" Soberano Señor, me hicisteis
una señalada merced y fue que, habiendo yo estado en el coro solo, mirando un
crucifijo que estaba sobre el facistol con gran atención, Vos, Rey celestial, esa noche
me aparecisteis en figura del mismo crucifijo, estando yo durmiendo, y me mirasteis
con unos ojos amorosos en gran manera y lastimosos. Oh Señor del mundo, ¡qué
suavidad sintió mi alma con esta divina vista! No hay palabras para expresar la suavidad en aquella breve vista que yo sentí. Quedé en gran manera consolado, cuando
desperté .
No me olvidaré jamás de esa vez que, durmiendo, os vi en una cruz y me
mirabais con unos ojos tan amorosos que parecía que salían de ellos saetas encendidas
de amor. Oh Señor, ¡qué suavidad sintió mi alma en aquel breve tiempo que duró esta
visión piadosa y amorosa! ¡Loado seáis Vos por todos estos favores que con este siervo
inútil obrasteis!"
Fue nombrado beato por el papa León XIII el 15 de enero de 1882 y canonizado por Juan Pablo II el 19 de mayo de 2002
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