La experiencia de Dios
LA GLORIA LUMINOSA DE DIOS CREA BONDAD EN LA INDIA (1)
Rāmakrishna nació en una pobre y piadosa familia de brahmanes en una aldea rural de Bengala en 1836. Después de seguir los primeros años en la escuela del pueblo, la dejó para entrar al servicio del templo de la diosa Kali a la que llamaba Madre del universo. Desde muy joven tuvo ya algunas experiencias místicas. Así, cuenta él: “cuando tenía diez o u once años experimente por primera vez el samādhi o éxtasis de unión mística. Yo estaba cruzando un campo de arroz y de repente, vi algo irresistible que me embriagó. Algo que caracteriza la visión de Dios. Vi una luz extraordinaria, sentí una enorme alegría, y experimenté una corriente avasalladora en mi pecho”.
Estas experiencias místicas se repitieron a lo largo de toda su vida, fuese cual fuese el dios hindú que adorase: Vishnu, Krishna o Rāma, o fuese cual fuese la religión que seguía, Budismo, Islam o Cristianismo. A los treinta años un maestro hindú que seguía las enseñazas sufies inició al joven Rāmakrishna en las enseñanzas del Islam. Por algún tiempo, Rāmakrishna olvidó los dioses hindúes y, vistiendo como un musulmán, estudió el Corán y siguió sus preceptos religiosos, repitiendo devotamente el nombre de Al-lah y postrándose cinco veces al día para las oraciones prescritas a los musulmanes. A los pocos días de seguir estas nuevas prácticas religiosas, Rāmakrishna tuvo la experiencia mística, propia de los sufies, de su fusión con Dios.
Más tarde Rāmakrishna quiso también encontrar a Dios en el Cristianismo, y empezó a leer los Evangelios que le prestó un amigo hindú, y pronto tuvo una experiencia mística parecida a la que tuvo con el Islam. Rāmakrishna había ido a visitar a un amigo, y en el salón de su casa vio distintos cuadros de escenas religiosas, entre las que había una imagen de la Virgen María con el niño Jesús. Al verse profundamente atraído por esta representación cristiana, reaccionó quejándose a la diosa Kāli “¿Qué me estas haciendo, Madre?”, pero, finalmente, se rindió al atractivo de María con Jesús, e inmediatamente toda su devoción a los dioses hindúes desapareció, llenándose su mente de las imágenes que había leído en los Evangelios. Después de esta experiencia, Rāmakrishna empezó a acudir a templos cristianos y allí quedó impresionado viendo a los fieles quemar incienso, encender velas y rezar con profunda devoción ante las imágenes de Jesús. De vuelta a su templo, Rāmakrishna no podía apartar de su mente lo que había visto, haciéndole olvidar sus rituales frente a la diosa Kālī, teniendo su mente llena de iglesias, sacerdotes cristianos y escenas bíblicas, hasta que el cuarto día tuvo una extraordinaria aparición en el jardín del templo: un joven de mirada serena y apariencia extranjera se acercó a él y lo miró atentamente.
Rāmakrishna, al principio se preguntó, quién podría ser aquella persona, pero de repente se dio cuenta de quién era, y se dijo: “este es el Cristo que derramó su sangre para la redención del hombre, y sufrió por ello terribles agonías. Este es no otro que el Maestro-Yogin Jesús, eternamente uno con Dios”, y en este momento Jesús se le acercó y lo abrazó de tal manera que se fusionó con él, experimentando en aquel momento el samādhi o éxtasis de la unión con Dios, y desde aquel momento Ramakrishna nunca dudó del carácter divino de Jesús, como manifestación (avatāra) del único, indivisible y eterno Brahma [1].
Rāmakrishna no era un intelectual ni un pensador metódico, no dejó nada escrito y todas sus enseñanzas, llenas parábolas y descripciones poéticas dirigidas a sus discípulos y a los que iban a pedirle consejo, se publicaron en 1907, con el Diario de su discípulo Mahendra Nath Gupta, bajo el seudónimo de “M” [2], y en él aparecen, no metódicas disquisiciones teológicas, sino profundos pensamientos religiosos fruto de sus constantes experiencias místicas, lo que hace que analizando sus palabras se puedan encontrar aparentes contradicciones.
Esto es especialmente así, al tratar de describir la naturaleza del Jesucristo. En una ocasión equipara el avatāra Krishna con Jesús: “es un mismo e idéntico Avatāra, dice, el que, habiéndose sumergido en el océano de la vida, surge en un lugar y se le conoce como Krishna, y se vuelve a sumergir y surge en otro lugar y es conocido como Cristo” [3]. En otro lugar afirma categóricamente que Krishna y los otros avatāras como Rāma, Sītā o Rādhā, eran personajes históricos:
“No piensen que Rāma, Sītā, Krishna, Rādhā , no fueron personajes históricos sino meras alegorías…No, fueron seres humanos de carne y hueso como lo eres tú, pero, como ellos eran Deidades, sus vidas pueden interpretarse tanto históricamente como espiritualmente” [4] y, sin embargo, al intentar escribir la naturaleza de Jesús, cae en una descripción claramente docetista: “Cuando se clava un clavo en la cáscara de un coco, el clavo también entra en la pulpa del coco. Pero cuando el coco es seco, la pulpa se separa de la cáscara, de modo que, si se clava un clavo, no toca la pulpa. Jesús era como el coco seco, es decir, su alma interior estaba separada de su envoltura física, y en consecuencia los sufrimientos del cuerpo no le afectaban” [5].
Sea como sea su cristología, la importancia fundamental de Rāmakrishna fue que sus palabras, sin ser él mismo seguidor del Vedānta, pusieron el fundamento del poderoso pensamiento del neo-Vedānta, iniciado por una pequeña élite hindú, a finales del siglo XIX en aquel país, y hoy aceptado por millones de personas, no sólo en el subcontinente asiático, sino también en Europa y América, gracias al proselitismo de la organización conocida como Misión Ramakrishna. Es necesario, por tanto, analizar cuáles son los fundamentos religiosos heredados por esta Misión, del gran místico Rāmakrishna.
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